Hay una decisión que se repite una y otra vez cuando alguien empieza a decorar su sala.

Frente a un sofá verde botella, azul profundo, burdeos o incluso terracota, la mayoría termina eligiendo uno en tonos beige, marfil, arena, gris claro o taupé.


Cuando les pregunto por qué, las respuestas son bastante parecidas.


"Porque combina con todo"


"Porque es muy práctico"


"Porque no me voy a cansar con el tiempo"


Y todas esas respuesta son completamente válidas.


Sin embargo después de muchos años asesorando en la implementación de los cojines empecé a preguntarme si esa era realmente toda la historia.


He llegado a pensar que, muchas veces no elegimos un color solamente por estética. También elegimos cómo queremos sentirnos cuando llegamos a casa.


Hay personas que buscan serenidad.

Otras buscan refugio.


Algunas necesitan que su hogar baje el volumen de un día lleno de decisiones, responsdabilidades, ruido y preocupaciones.


Quizá por eso los tonos marfil, arena, beige, taupé, ivory, camel claro o canela nos resultan tan reconfortantes. No solo porque sean fáciles de combinar, sino porque transmiten calma, luz, calidez y una sensación de descanso.


Y me parece una razón tan válida como cualquier otra.

Un hogar debe hacernos sentir bien.

Debe abrazarnos cuando volvemos a casa.


Sin embargo, con el tiempo también he descubierto algo curioso.


Muchas veces ese deseo de elegir un sofá neutro no nace únicamente de una referencia personal, sino de la incertidumbre.


No siempre sabemos todo lo que es posible con el color.

Y eso hace que terminemos escogiendo la opción que sentimos más segura.


Pero un sofá de color no tiene por qué convertirse en un elemento dificíl.


Todo lo contrario.


Un verde botella puede ser el punto de partida para una paleta extraordinariamente elegante, acompañada de tonos camel, marfil, nogal, mostazas suaves, cobres o incluso azules.


Un azul petróleo puede transmitir la misma serenidad que un gris cálido cuando encuantra el equilibrio adecuado con los materiales y las texturas.


Incluso colores profundos y con mucha personalidad pueden generar ambientes tranquilos, sofisticados y acogedores.


En realidad el color no es el que genera ruido.

Lo hace la falta de equilibrio.


De modo frecuente escucho, si ... pero es un color muy "arriesgado".


Yo no estoy tan segura.

Creo que no existen colores difíciles.


Existen colores que todavía no nos han enseñado a combinar.

Y quizá ahí es donde más disfruto mi trabajo.

No se trata de convencer a alguien de que abandone los neutros para llenar su casa de color.


Los neutros seguirán siendo una elección maravillosa si aportan calma y calidez al espacio desde la raíz de quienes lo habitan.


Se trata, más bien, de ampliar las posibilidades.

De demostrar que existen muchos caminos para construir un hogar armónico.

Que un sofá beige puede ser espectacular.

Y que uno verde botella o azul también puede serlo.


La diferencia no está únicamente en el color.


Está en la historia que construimos alrededor de él.

Porque un sofá nunca es solamente un mueble.


Esa el punto de partida desde donde nace la conversación de todo el espacio.

Y esa conversación empieza con algo mucho más importante que una tendencia.


Empieza preguntándonos cómo queremos sentirnos cuando abrimos la puerta de nuestra casa.

Porque al final, no se trata de decidir entre un sofá neutro o uno de color, se trata de encontrar una paleta que haga que ese espacio hable de ti.


Quiero compartir contigo estas guías de color para ayudarte a elegir.


¡Nos vemos!

Carina Rivarola

Cojines y Caminos